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viernes, 11 de septiembre de 2026

Panigoni, el guardián de Aitana

LAS MONTAÑAS COMO ORIGEN DE LEYENDAS

Las montañas, valles y zonas rurales parecen ser el entorno ideal para que se forjen espectaculares leyendas que durante generaciones han alimentado el folklore local. La relación del ser humano con la natura, faunas y animales es una simbiosis que ha generado leyendas sobre mágicos seres: monstruos, magos, hadas o ermitaños que pueden proceder  a ser seres aterradores, como también protectores del medio y sus habitantes.

Una antigua leyenda de la sierra de Aitana habla sobre un hombre que conocía el lenguaje de las plantas y comprendía a los animales. Cuentan los más antiguos que entre los barrancos y las cumbres de Aitana vivía un hombre al que la montaña había confiado sus secretos.



Bajaba una vez al año al pueblo de Alcolecha, para mantener vivo el vínculo entre la montaña y sus habitantes. 

Cuando la niebla cubría las cimas de Aitana, pocos se atrevían a buscarle, pero todos conocían su nombre: Panigoni, el hombre que sabía escuchar la montaña.

Esta leyenda se encuentra disponible en formato podcast en las principales plataformas como Ivoox, Apple Podcast, Spotify y Amazon Music

PANIGONI, EL GUARDIÁN DE AITANA

Hace años, después de intensos jornales de verano, la gente de las zonas de montaña frenaba durante una semana la actividad agrícola y tomaba unos días de descanso, fiesta y comunidad en el pueblo. Se aprovechaba para preparar comidas típicas y adornar las calles a la espera de actos festivos.

En medio de la plaza del pueblo de Alcolecha, se apilaban troncos mientras se erguía la figura de un ninot de forma humana: Panigoni

Panigoni era uno de los pocos hombres que vivía todo el año en las montañas de Aitana. Durante la época de primavera-verano dormía en refugios naturales que le ofrecía la propia sierra, como rocas o bosques. A la llegada del duro invierno, se albergaba en una de las cuevas talladas en roca natural, donde solo él conocía la entrada. Nadie sabía dónde era, pero los vecinos de la zona especulaban que era en El Trinquet, cerca de la fuente de Fortada.

Asentamiento de Panigoni en el Trinquet d'Aitana

Una vez al año, y en motivo de estas festividades, bajaba a los pueblos de la zona para abastecerse y tener un mínimo contacto con las personas. Los niños del pueblo, como si de un himno se tratara, entonaban estos versos como si de invocarlo se tratara: 

Panigoni, Panigoni

El bou brama en el corral

Baixa prompte, ben de pressa

que les festes venen ja.


El ermitaño de las montañas, por su parte, utilizaba su carraca para hacer ruido o tocaba una corneta mientras bajaba desde los senderos de Aitana. Aparecía con las primeras luces del día, lo que hacía muy difícil verlo llegar. En el horizonte se apreciaba su silueta, alta y delgada. 

En su chaleco le acompañaban adornos y amuletos de desconocido significado, a los que nadie se atrevía a tocar. Sin embargo, los más pequeños se subían por su esbelta figura, intentándole quitar un pañuelo negro de la cabeza.


Esta mezcla de elementos le infundía un respeto que marcaba un silencio absoluto a su llegada. Al entrar al pueblo, Panigoni sacaba su dolcaina, donde empezaba a tocar delante de la multitud una suave melodía. Seguidamente, entonaba unas notas más festivas y recorrían todo el pueblo entre bailes y danzas.

UN DON CON LOS ANIMALES

Por las fiestas era típico traer un buey de las sierras de Bèrnia, que lo dejaban correr por las calles del pueblo. Pero antes de ser soltado, debía verse y ser preparado con Panigoni, que haría un ritual especial. Este acto parecía quitar la malicia del animal, evitando males mayores en aquellas fechas de festividad.

A cambio, los habitantes de Alcolecha, en acto de agradecimiento, le entregaban avituallamiento para las épocas del año más duras, como aceite, trigo o tocino.

Panigoni solo ponía una condición: nadie debía estar presente cuando aplicaba su magia.

En uno de los puntos más elevados del municipio de Alcolecha, en el Alt de Mahoma, se encuentra un viejo corral: El Mas de la Sàlvia.

Paraje actual de la construcción reconstruido con IA

Panigoni no quería curiosos cerca mientras elaboraba este ritual. En el corral, dentro de un viejo caldero, elaboraba una pócima: semillas, raíces, huesos, extrañas piedras y pelos de buey. Mientras llegaba al punto de ebullición, tocaba unas melodías con su dolçaina. Una nube amarillenta salía del caldero, desplazándose por el ambiente de todo el corral.

Paningoni conocía las peculiares propiedades de la fauna y flora en la zona.

Finalmente, toda la poción se convertía en un ungüento, que era bañado a los cuernos de cualquier animal que necesitara ser domado. Como cada año, el buey ya estaba preparado para bajar al pueblo y celebrar las fiestas.

Cuenta la leyenda que en una de estas festividades, la avaricia y atrevimiento de dos aldeanos los llevó a espiar este sagrado ritual en el que Panigoni había insistido en tantas ocasiones que debía hacerlo solo y sin ser visto. Mientras se preparaba el ungüento en los calderos y marmitas, un humo amarillento inundó la estancia donde se encontraban aquellas personas curiosas, ahogándolas prácticamente hasta dejarlas inconscientes.

Ese año Panigoni bajó por las calles de Alcolecha con los 2 mozos cargados encima del buey; el ambiente festivo fue invadido por el silencio. En aquella ocasión, el ermitaño de las montañas habló: 

Durant anys he viscut la soletat d'Aitana i els cingles de la Serra, només per servir-vos quan arriben les festes. Fer com fan no és maldat!

El guardián de Aitana, muy triste, ató el buey, sacó su dolçaina y, muy apenado, abandonó el pueblo entonando sus particulares melodías, subiendo de nuevo hasta las montañas de Aitana. Los habitantes de Alcoleja no lo sabían, pero esa sería la última ocasión en la que verían a este peculiar personaje. Panigoni nunca más volvió a bajar de la sierra.

En ocasiones, y cerca de zonas de las Montañas de Aitana, como la Font de Forata, el Trinquet o el Salt del Moli, parecen escucharse melodías mezcladas con el viento. Por ese motivo, los habitantes de la zona, recordando este personaje y esperando su vuelta, siempre entonan como si de un mantra se tratara: 

Panigoni, Panigoni

El bou brama en el corral

Baixa prompte, ben de pressa

que les festes venen ja.

Roca de Fortara, en la cara norte de la sierra de Aitana

BIBLIOGRAFÍA

Este relato forma parte de la recopilación de leyendas y rondalles publicadas en el libro Contes màgics de l'Aitana (1999). Leandre Iborra y Polo, autor de este tomo, es conocedor de aquellas leyendas que han sido transmitidas en gran parte por la tradición oral de generación en generación. Otra de sus obras que tiene relación con la zona es Al cor de l'Aitana.

En el inicio de este capítulo, encontramos una mención especial del autor a José Manuel Carratalà, que ha hecho posible la transmisión de esta historia al autor.

Un total de 10 relatos forman este libro, que actualmente es muy difícil de conseguir en librerías o plataformas de segunda mano.

Datos del libro

Nombre completo: Contes màgics de l'Aitana

Autor: Leandre Iborra y Polo

Páginas: 206

ISBN: 978-84-7784-342-9

Editorial: Instituto Alicantino Juan Gil-Albert

Precio: Agotado / Descatalogado